¿ALGUNA VEZ HAS HECHO ALGO QUE NO QUERÍAS, SOLO PARA COMPLACER?

Hace varios días, estando en la cama con mi ornitorrinco (llamo ornitorrinco a ese chico con el que tengo una relación, pero no se definir de que tipo, no es sólo amigo, no llega a novio, va pasando el tiempo y… ¿qué es? Pues yo que sé, y me inventé una palabra. Es ornitorrinco, problema resuelto, hay que ser pragmática) pues eso, que estaba con el susodicho en plena faena y me hace la pregunta del millón ¿Por aquí te cabe? (con “por aquí” se refería a por el culo) hasta aquí todo normal, lo que viene siendo un segundo o tercer polvo de manual, que ya se va cogiendo más confianza y queremos ver si hay vida más allá del misionero. Le contesté algo así como “hoy no” o “así no” y seguimos a lo nuestro y ahí quedó la cosa, hasta que se fue y empecé a darle vueltas a mi respuesta.

Antes que nada, os confesaré que no me gusta el sexo anal, tengo 34 años, lo he probado las suficientes veces y de numerosas formas, como para saber a ciencia cierta que no me gusta, y no, no es porque me lo hayan hecho siempre mal, sencillamente, no me gusta, y punto. Entonces, si tan claro tengo que no es lo mío que me metan nada en el culo, ¿Por qué no dije que no, sin más? ¿Por qué di a entender que hoy no, pero en otro momento si? Y así ha pasado, que un par de semanas más tarde lo volvió a intentar, esta vez, poniéndose digamos, “ en posición” y esperando mi consentimiento, esta vez simplemente dije que no, no le di ninguna explicación, era que no y ya está, y continuamos sin mayor problema.

La primera vez que me lo pidió, mi primer pensamiento fue planear como hacerlo otro día para que resultara menos traumático para mí, ya estaba yo pensando en juguetes y lubricantes para poder complacerle sin sufrir yo demasiado y luego pensé… ¿Por qué? Si no quiero hacerlo, ni bien ni mal, NO QUIERO, ¿Por qué estoy ni siquiera planteándome hacer algo que no me apetece? ¿Y por qué anteriormente, en miles de ocasiones jamás me he planteado negarme y listo?

Recuerdo que tuve un noviete, que a pesar de haberle dicho que no quería muchas veces (seguimos hablando de sexo anal), insistía continuamente con el tema. No me lo echaba directamente en cara, pero no perdía ocasión en recordarme lo mucho que le gustaría, hasta que al final logró que me sintiera mal por no querer complacerle y accedí, compré dildos y plugs anales, y lubricante como para una boda, los compré yo, con dinero que en aquel momento no tenía, para que aquello resultase más llevadero, y lo hice sin querer hacer hacerlo. Una vez más, ¿Por qué?

Pues por miedo, por miedo a no ser la mujer que esperaba que fuera, porque de nosotras se esperan muchas cosas, no seas demasiado puta, ni demasiado mojigata y te vuelves loca buscando ese término medio, ¿y a que no sabéis que? NO EXISTE. Nunca lo hablé con él, porque nunca fui capaz de ver el problema, estaba normalizado, tanto que el presionara, como que yo accediera, todo en nombre del amor, el amor que ahora detesto y que voy a tener que inventarme otra palabra, como hice con ornitorrinco, para poder definir un amor sano y libre, porque el que yo he conocido siempre, no lo es.

Después vino el BDSM y ahí me perdí del todo. Para mí, ser sumisa supuso pasar por innumerables situaciones que me hicieron sentir miserable, unas veces las aguantaba sin rechistar y nunca hablaba de ello, otras,  tras exponerme y consentir algo que en absoluto quería, reventaba y montaba un drama que me río yo del peliculón de antena 3, y muy pocas, dije que no. Ninguna, dije lo que quería yo, y acabé desapareciendo, como he dicho antes, me perdí, me perdí a mi. Me costó darme cuenta de que aquello a lo que yo llamaba BDSM, en realidad tenía un nombre mucho más feo.

He aceptado todo tipo de cosas, de relaciones, de situaciones, por miedo a defraudar, por miedo a que me abandonen por defraudar, y hoy me pregunto, si a alguno de ellos se le pasó por la cabeza alguna vez si en algún momento podrían estar defraudándome a mí. Pero a lo que voy, ¿por qué yo sí y ellos no?

También me he planteado la situación a la inversa, metidos en materia, sugerir a mi pareja que si puedo follarle el culo con un strapp-on (bragas con pene incorporado) y bueno, salvo honrosas excepciones, que haberlas haylas, os podéis imaginar la respuesta ¿verdad? El “no” sería rotundo y no habría cabida a volver a mencionar el tema, mucho menos a insistir o al chantaje emocional. Una vez más. ¿Por qué?

Hoy no me asusta defraudar, me trae sin cuidado, evidentemente si el no complacer, es motivo para dejar de interesar a alguien, yo la puerta de salida la tengo siempre abierta, y no me voy a sentir ni menos completa, ni puta, ni santa, ni un fraude como mujer.

No culpo a nadie, de verdad, a nadie, a ninguno, ya no me culpo ni a mí. Si yo consentí, si yo nunca hablé, si nunca pedí, si lo interioricé y lo normalicé, ¿cómo nadie iba a darse cuenta?

Pero repito, si, otra vez ¿Por qué? ¿Por qué no lo hice? Pues porque nos han programado así, desde que somos pequeñas, a nosotras a aguantar, a complacer, a evitar conflictos, nunca hemos sido sexualmente libres, siempre juzgadas, putas o santas, de un extremo a otro sin escala de grises, y así es difícil sentirse libre para decidir.

Ciertamente no sé si a muchas mujeres les ha pasado lo mismo, y no lo sé porque nunca hablamos de esto, hay que empezar a hablar. Si alguna se ha identificado conmigo, me encantaría que si quisiera, me contara por privado su experiencia, que quizá no esté sola, que quizá esto pase más de lo creemos, que quizá el problema no sea sólo mío, por no saber decir que NO.

Así que lanzo la pregunta, por si alguna la quisiera contestar, y si no quieres contestar, ojalá esto sirva para reflexionar.

¿Alguna vez has hecho algo que no querías, sólo para complacer? ¿Sabes por qué?

 

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¿Harta de dejarte la voz, la paciencia y la salud cuando un tío llorica te argumenta con el clásico “Es que no todos somos iguales”?

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Bienvenidos a Femidramas.

¡Bienvenidos señoras, señores y señoros!

Con todos ustedes, de la mano de la creadora de “Soy una sumisa de mierda” (Osea, yo) tengo en grandísimo placer de presentarles mi nuevo blog – Redoble de tambor- ¡”FEMIDRAMAS. Dramas cotidianos de una feminista novata”!

Y es que, como diría la vecina rubia, me gusta ser feminista, pero a veces es difícil. Por eso he decidido crear este espacio y compartir mi visión del mundo con las gafas moradas, esas gafas que te ayudan a ver muy bien las desigualdades entre mujeres y hombres, pero que en ocasiones, te hacen la vida más complicada.

Una vez que te las has puesto, ya no te las puedes quitar, por tanto, estás jodida, ya no hay vuelta atrás, ahora eres feminista y ves machismo por todas partes; eso supone cabreos casi diarios, discusiones con señoros ofendidos, convertirte en la femipedia en el trabajo, de cañas con los amigos, en las reuniones familiares y un largo etc…

Con las gafas moradas también entras en conflicto constantemente contigo misma, y es que, de la noche a la mañana, una no se convierte en una feminista de manual, porque el feminismo, entre otras cosas, va de desaprender lo que el patriarcado nos ha ido inoculando desde hace 21 siglos nada menos, y eso queridxs, cuesta más que hacerte igual el eyeliner en los dos ojos. Mi vida se ha convertido en una juerga constante, es apasionante, os lo juro. Por ejemplo, mientras escribo esto, no se cuántas veces he cambiado el género a los plurales, y sigo sin saber cuál voy a usar finalmente, porque todo me suena mal al leerlo, así que desde ya, pido perdón a quien pueda sentirse invisibilizado con la decisión que tome, os juro que para nada es mi intención, pero quiero que esto quede lo más “leíble” posible.

La finalidad de empezar este blog, es poder compartir experiencias, anécdotas y aprendizajes con todo aquel que se anime a participar y así, entre todos, podamos tomar consciencia y crear un mundo más justo y más igual. Unas veces será más divertido, otras me pondré mas seria, y quizá en alguna suplique por tener una cámara de gas;  en todas me lloverán ostias, soy consciente de que el feminismo incomoda, y por eso quiero dejar claro desde ya, que lo que aquí vais a leer es mi visión personal, nunca verdades absolutas, pero que esto trata de que quiero que mi voz también se escuche y que nadie la va a poder silenciar.

Y dicho esto me pongo solemne y…

-Señor azafato buenorro con ropa prietita, procede a hacerme entrega de las tijreras, y corto la cinta violeta con la que queda inaugurado: FEMIDRAMAS.-

 

 

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